Julio Castillo Sagarzazu: los países no tienen amigos, tienen intereses

Julio Castillo Sagarzazu

Esta socorrida frase usada en la mayoría de los debates de política internacional dicen que fue inspirada en una más explícita de Lord Palmerston, un pragmático diplomático al servicio de la Reina Victoria y quien dijo: “No tenemos aliados eternos y no tenemos enemigos perpetuos. Lo que son eternos y perpetuos son nuestros intereses y nuestra obligación es preservarlos…”

Importante traer a colación este monumento al pragmatismo cuando hoy mucho se discute en Venezuela sobre si la solución a nuestros problemas vendrá de nosotros mismos o de factores externos. Y si fuera el último caso, ¿cuáles serían las razones que llevarían a la comunidad internacional a actuar más decididamente y de qué forma? Convengamos que es una pregunta que a justo título nos hacemos.

Para responder esa y otras preguntas relacionadas con el tema, valdría la pena pasearse por las páginas de esa sabia amiga que es la historia para comprender que los países solo actúan cuando les conviene a sus intereses geopolíticos y que normalmente todo lo demás son cuentos de camino.

Una versión dorada y almibarada de esa nuestra amiga la historia, nos ha querido hacer ver que la libertad, la independencia y la paz, han logrado movilizar a los gobiernos de las naciones para lograr nobles objetivos y para avanzar. No obstante, hay malas noticias para quienes piensan que eso ha sido así. Lo que la historia muestra es que no son las ideas nobles las que mueven la historia, sino (una vez más) los intereses. Hay quienes piensan que los Estados Unidos entraron en la guerra contra Alemania porque querían defender la democracia en Europa.

Desgraciadamente no fue así. En realidad, durante mucho tiempo, los líderes norteamericanos hicieron de la neutralidad su bandera. Se creían protegidos del conflicto europeo al este por el Atlántico y al Oeste por el Pacifico. Tuvo que venir el almirante Yamamoto a despertarlos de su letargo bombardeando a Pearl Harbor, para que abandonaran su posición y declararan la guerra a las potencias del eje.

Hay también quienes piensan que la Legión Británica, ciertamente importante colaboración de los ingleses en Carabobo, llego al país a defender la independencia de Venezuela y los valores de la libertad. No fue así. Inglaterra era igualmente una potencia colonial, de manera que la libertad no era una idea simpática para ellos. La ayuda llego casi 12 años después de que Bolívar, López Méndez y Andrés Bello fueran a Inglaterra a pedirla y más de 20 años después de los consecutivos embarques del primer ministro Pitt a Miranda quien desde siempre pidió lo mismo. ¿Cuándo llegó la ayuda? pues cuando a Inglaterra le convino geopolíticamente.

Hoy día, Venezuela se ha convertido en una encrucijada de los más importantes intereses geopolíticos del mundo. Somos hoy el sucedáneo de la Cuba de los misiles en pleno apogeo de la guerra fría y una suerte de paralelo 38 de la guerra de Corea. Esta realidad es el producto del empeño de Chávez y Maduro de haber convertido a Venezuela en santuario de la guerrilla colombiana y sus prófugos, de centro de financiamiento de Hezbollah, de un gran centro generador de corrupción y lavado de dinero y de finca de rusos, chinos, iraníes y turcos manejando nuestros recursos y riquezas naturales.

Algo que, por cierto, ni siquiera hicieron Fidel y Raúl Castro, ladinos conocedores de la realidad, mundial sobre todo después de haber vivido la experiencia de quedar guindados de la brocha, cuando Kruschev les sacó la escalera y negoció con Kennedy en base a los intereses de la URSS y los Estados Unidos. El kremlin se llevó su música y sus misiles a otra parte y los americanos le permitieron instalarlos en Turquía, que está a un poco más de las 90 millas de las costas de La Florida, donde amenazaban su territorio.

Dicho esto, que lo que ha pretendido es advertir a quienes creen que alguna fuerza vendrá a rescatarnos como la caballería con Rin Tin Tin a los colonos cercados por los comanches, que tales cosas no suelen pasar, al menos no de la manera como algunos se imaginan.

Tratemos entonces de hacer un recorrido de las principales pistas de la geopolítica de hoy para especular un poco sobre qué número pudiera tocarnos en esta lotería que nos ha tocado jugar:

1. Venezuela tiene una situación geográfica y recursos naturales que cualquier país del mundo quisiera poseer y/o tener relaciones privilegiadas con quien aquí gobierne.

2. Caracas está más cerca de Nueva York que Pyong Yang, que Moscú y que Teherán (La Habana no cuenta porque después de retirados los misiles, los Castro se dedicaron a sobrevivir y no representaban ningún peligro estratégico para los Estados Unidos). De manera que esta molestia en su patio trasero les inquieta y les hace sentir amenazados.

3. Los norteamericanos ya son los primeros productores de petróleo en el mundo. De manera que la leyenda de acuerdo con la cual “quieren nuestro petróleo” es un cuento barato. Lo que sí quiere Trump es que no haya un amigo de sus enemigos tan cerca de sus fronteras. Sobre todo uno que torpemente se ha dedicado a apadrinar el terrorismo y el crimen organizado.

4. Por razones electorales e ideológicas, Trump quiere desmontar el socialismo en América Latina y cuidar los votos claves de La Florida, para lo cual la salida de Maduro es sumamente importante.

5. Rusia, China, Irán y Cuba tienen intereses políticos y económicos importantes en Venezuela, pero, salvo para Cuba, para ninguno de ellos estos intereses son imprescindibles para su subsistencia. Dicho de otra manera, todas sus posiciones aquí son negociables.

6. Venezuela y su diáspora se han convertido en un problema geopolítico para los países fronterizos. Falta poco para que la llegada masiva de nuestros compatriotas devenga una debacle social y humanitaria en la región y comprometa la estabilidad de nuestros vecinos.

7. El régimen de Maduro es inviable política y económicamente y todos lo saben. Su popularidad está por el suelo. Su apoyo de calle está limitado a sus seguidores radicalizados e ideologizados, el clientelismo populista y las bandas criminales que se benefician del desgobierno.

8. Para nadie es importante Maduro. Es más bien una molestia. Los gobiernos europeos, incluyendo los de izquierda y centro izquierda, tratan de buscar eufemismos y hacen gambetas para no aparecer como plegados a los norteamericanos y para ello buscan fórmulas de negociación y se juegan el quintico de Oslo para no aparecer apoyando la dictadura. El informe Bachelet terminó siendo destructivo para Maduro y ahora está en el club de impresentables al lado de Mugabe y los otros dictadores africanos.

9. Rusia y China están en conflictos con los EEUU, unos de tipo estratégico y particularmente los chinos en medio de una cruenta guerra económica que les está poniendo contra las cuerdas. De manera que Venezuela es una moneda de cambio a ser puesta en la mesa para cualquier negociación. La reciente negativa de la más importante empresa china de no comprar más petróleo a Venezuela y la de los bancos turcos cerrando las cuentas del BCV, demuestran que el ajedrez mundial se mueve efectivamente. Planteadas así las cosas, todo pareciera indicar que la solución definitiva de nuestros males será parte de una negociación entre quienes tienen intereses en relación con el país.

Y ojo! Lo anterior no tiene nada que ver con Oslo o con Barbados, estamos hablando de dinámicas que nos superan y mecanismos que se ponen en marcha y se detienen sin que nos pregunten o nos consulten.

Es cierto que tenemos aliados muy poderosos en el mundo que no van a negociar CONTRA nosotros, pero sí es muy posible que negocien SIN nosotros y que las “soluciones finales” no sean necesariamente las que nos gustan. Por lo pronto, la gran ventaja comparativa que tenemos los demócratas venezolanos es que tenemos el gobierno interino de Guaidó y la Asamblea Nacional que son reconocidos por la mayoría de las democracias decentes del mundo.

Que yo sepa, después de buscar y “googlear” el asunto, esta ventaja no ha ocurrido en ningún proceso similar. De allí la importancia de fortalecer y llenar de contenido popular a Guaidó. Ese es nuestro seguro de vida. Nuestra torre en el tablero. Los venezolanos hemos hecho esfuerzos y sacrificios inauditos. Cada día que pasa con Maduro en Miraflores es un día de más tragedias para nuestras familias y nuestros compatriotas.

Es cierto que las cosas no van al ritmo que queremos y con el que nos ilusionamos en febrero. Sin embargo, de lo que tenemos que estar conscientes es que en ninguno de los escenarios, en ninguna de las hipótesis que se manejen en las agendas poderosas del mundo, aparece que las cosas en Venezuela continúen con Maduro.

Al final del día, Maduro saldrá pero para acelerarlo debemos hacer nuestras tareas aquí, lo que modestamente nos toca hacer para estar preparados para los desenlaces.Lo que viene es complejo, tendremos que dedicarnos a reconstruir y a reunificar el país. A eso también tenemos que dedicar nuestros esfuerzos desde ya.

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